Un paseo por nuestra suerte de imaginario colectivo
Por
Daniel A. Acosta R.
La reflexión es el arma primordial del
hombre. Desde sus inicios surgió esta alborotada herramienta, que ha servido
para cuestionar las peores decisiones y alabar las mejores. En esta eterna
discusión el hombre se ha encargado de dejar un constante legado. Una ególatra
firma de fin indisoluble, que tiene como propósito servir de legado. Ese
legado, tan grande como su creador tiene una forma particular. No es un grito,
una historia o un mito. Es una mezcla poco homogénea que se almacena en nuestro
colectivo imaginario en forma de imagen. A diferencia de los antiguos pintores
renacentistas en la actualidad perdimos todo interés en aquellos fríos
bodegones. Las imágenes de actualidad no son de un objeto inanimado simplón,
son mucho más complicadas. Las imágenes que se crean en la actualidad están
ampliamente cargadas de la intención documento
de la que habla Joaquín Cortez. Una falsa utilidad pública que no es más que
narcisismo.
La modernidad fue el pretexto para infundir
imágenes donde el objeto es también sujeto. La Apoteosis
de Washington, un fresco en el que se muestra la al líder militar en
un estado pleno de divinidad es muestra del pensamiento antropológico
desarrollado por la cultura occidental, que exalta con figura de héroes
endiosados.
En comparación con épocas de amplio
desarrollo artístico, como el barroco y el Renacimiento, el foco de las
imágenes culturales esta puesto en un objeto del deseo, que a su vez, es
también sujeto. Desde esta perspectiva dual, las imágenes dejaron de ser simple
fruto de la imaginación para convertirse en proyecciones de los sujetos
objetos. De este relación entre objeto-sujeto-antropología-imagen se realizó un
interesante trabajo
digital,
donde en una pequeña diatriba el investigador conecta la necesidad del sujeto
en convertirse en objeto para contar su historia particular, de forma
particular y dirigido a un público particular. En este sentido la necesidad de
cambio es evidente, incluso Freud decía: “La repetición, es la muerte.”
Además, la intencionalidad del sujeto es
clave en el proceso sináptico de senso percepción, donde en palabras del
filósofo de la fotografía francés François Soulages:
"el hombre se encuentra sólo con fenómenos y el fenómeno siempre es fenómeno particular para un
sujeto particular" haciendo particular el uso de las imágenes en sus diversos órdenes en
cada sujeto. Haciendo prueba de esto, la empresa fabricadora de cámaras
fotográficas Canon, realizó un experimento
social.
Seis fotógrafos con distintos backgrounds se
encontraron con un único modelo. Cada uno debía retratar al sujeto, pero a cada
fotógrafo se le dio una descripción distinta del personaje a fotografiar. En el
proceso de sensopercepción de cada fotógrafo, se ubicaron distintos referentes
culturales al momento de fotografiar. Un ex convicto, un humilde pescador o un
millonario fueron la descripción dadas al equipo de fotógrafos. Cada uno capto,
a su manera el objeto sujeto de su gráfica.
Visto así, en la actualidad la dualidad de
sujeto objeto no es solo común, sino prácticamente obligatoria. La
democratización de la fotografía, la sociedad de consumo e información, la
modernidad, inmediatez e interactividad de la web 3.0 son parte de una receta
que pretende vestir al hombre para realizar los más grandes trabajos de la
imagen o pecar de banal usando simplones pseudoretratos del presente: los
desdichadamente famosos selfies.

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